Mañana de lluvia primaveral

Este año la primavera, no la estación sino el tiempo primaveral, se retrasa. Hoy mismo ha estado lloviendo toda la mañana, y serían poco más de las doce cuando ha caído un tromba lo bastante fuerte como para disuadir a cualquiera de que saliera. Desde la ventana veo el día grisáceo pero no puedo saber si hace frío. Llueve y la luz baja matizada por las nubes hasta reflejarse en los charcos, que algún niño aún pisa como antaño. Suena alguna melodía tristona, lenta, interpretada por un cuarteto de cuerdas, formación mínima capaz de desplegar los más asombrosos y brillantes secretos melódicos.

Llueve como supongo que llueve en Escocia, y ello me lleva a pensar que nunca he estado allá. Aunque tenga el convencimiento de que algún día la visitaré, al día de hoy he de conformarme con saber de ella cuando alguien me visita. Así ha sido estos días atrás. Me han visitado, de modo inesperado en gran medida, dos personas a las que hasta ahora no conocía y que viven, respectivamente, en Nottingham y en Edimburgo. No podría explicar las razones por las que me he sentido cómodo con ellos, ni explicar por qué he vuelto a pensar que allí viviría mejor. Con menos luz pero con mayor calidez. Hay un tiempo en la vida en que uno ha de decidir dónde quiere vivir. A mí ese tiempo ya me tocó y elegí sin convencimiento ni ilusión, esta ciudad. Podría haber decidido hacer las maletas, comprarme un billete hacia cualquier otro lugar del mundo y haberme perdido por el mar o por las carreteras. No lo hice y carece de sentido que ahora me queje por ello.

El tiempo pasa irremediablemente y uno, con frecuencia, ha de conformarse con lo que otros nos ofrecen o nos cuentan. Es un conocimiento indirecto, empalidecido, debilitado, que solo los espíritus con una fuerte imaginación pueden aceptar. Los demás son incapaces de extraer ninguna enseñanza porque su carácter en extremo débil no les señala nada.

No puedo explicar las razones pero, mientras llovía esta mañana, se repetía en mi cabeza el verso: “I read much of the night, and go south in the winter.” Mientras escribía he recordado los versos de Borges: “no haber caído, / como otros de mi sangre, / en la batalla”, de “ser en la vana noche / el que cuenta las sílabas”.

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