No amanece

Podría explicarlo mencionando alguna canción, cualquiera de las que han sonado durante más de treinta años en alguno de mis equipos de música. Podría repetirles algunos versos que he releído en estos treinta años: “Noche, noche en Venecia/ va para cinco años” y estoy seguro de que tampoco serviría.

Las tiendas ofrecen saldos, algunos carteles anuncian la liquidación definitiva. Cada vez hay más escaparates tapados con periódicos, cartones. Ya no hay carteles, como años atrás, cuando quebraba el negocio, y el dueño se inventaba alguna excusa peregrina, casi siempre aquella de que en pleno enero había marchado de vacaciones. Ahora ya nos hemos desprendido de las máscaras, las excusas y los disimulos.

Todo se acaba. “Ibant oscuri sola sub nocte per umbram.” Y al final, más allá de las columnas de Hércules, no se avista la luz. Y es la ya conocida sensación de vacío, esta vez más profundo, más ácido, más insano también, que me atrapa.

Nada se desmorona, todo sigue igual, y aun así siento que nada es ya lo mismo proque algo está apunto de acabar. En breve las puertas se cerrarán para siempre, aunque la vida continúe, impávida y olímpica, aunque hace ya tiempo que sé que la vida no es esto último.

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