Mi opinión de la poesía española contemporánea

Después de muchos años dedicado a la lectura asidua de poemas, lo que me ha permitido hacerme con una idea razonablemente general de lo que se ha escrito y de lo que se está escribiendo en la actualidad. Después de algunos años escribiendo comentarios acerca de libros de poemas, creo que no es mala idea dar mi opinión acerca de la poesía que ahora se está escribiendo en España.

Reconozco que lo hago por hartazgo y porque estoy aburrido. Aclararé que estoy tan aburrido de los poetas como de los lectores. Esto último me venía ocurriendo desde hacía un cierto tiempo, pero se ha acentuado desde que vengo leyendo los estúpidos comentarios en la prensa acerca de El cónsul de Sodoma. Esta es una película que, dicen, trata de la vida de Jaime Gil de Biedma. Ocurre que Gil de Biedma es uno de los mejores poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX. Para los periodistas, para los contertulios, para casi todos, Gil de Biedma es alguien que se distingue por su voracidad sexual. Que haya escrito “Píos deseos al empezar el año” no importa nada, como tampoco importan “No volveré a ser joven”, “Albada”, “Contra Jaime Gil de Biedma”, “Nostalgie de la boue” o “Pandémica y celeste”. Todo esto nada importa. Nada, a quienes sostienen y viven del mísero escenario cultural español, hecho a medias de ignorantes que se conforman con reseñas de periódicos y diletantes que se explayan en tertulias y bitácoras.

Supongo que la explosión llevaba un tiempo incubándose y ha sido ahora, cuando han banalizado de la peor manera a un poeta exigente, uno de los más exigentes, alguien que fue capaz de renegar de muchos de sus poemas, que calló cuando se dio cuenta de que nada nuevo tenia que decir, a pesar de haber sido el primero en leer a Cernuda de una manera tan personal que luego todo el mundo se los apropió, a la lectura y a Cernuda), ahora ha sido cuando, aburrido, he decidido decir lo que pienso, aunque sepa que no me traerá ningún bien y sí mucha incomprensión y desdén. Pero hay un momento en que uno ha de decidirse por hablar o por callar. Y yo he preferido hablar.

No es de extrañar que de Gil de Biedma solo hagan mención a su vida sexual. No es de extrañar porque se cuentan con los dedos de las manos sus lectores, y cuanto más jóvenes más escasos. El problema es que también las lecturas de otros poetas les escasean, como si para ser un buen poeta (o un poeta mediocre) no fuera necesario un bagaje literario enorme. No es lo que se lleva hoy, al igual que no se lleva la reflexión y el escribir para uno mismo con rigor absoluto (cuanto más dicen que así lo hacen, menos creíble es).

Hoy lo que cunde es la pose de poeta bajo cualquiera de sus máscaras: el maldito, el decadente, el punkarra o cualquier otro igual de irrelevante.

Parecen modernos y sin embargo dejan tras de sí el mismo rastro de caspa que tantos otros. Se creen revolucionarios y solo acatan el orden vigente. Creen ser buenos poetas y ni siquiera saben versificar.

Una pena lo de Gil de Biedma, la verdad. No así lo de los nuevos poetas, algunos ya muy avejentados. Al fin solo queda esperar que pase el tiempo. La gente olvidará al poeta. Olvidarán “El cónsul de Sodoma”, y aquellos librillos que ocuparon las estanterías habrán volado al contenedor de papeles.

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