La poesía como actividad intelectual

Estos son días de leer a Jaime Gil de Biedma, aunque la razón sea la necesidad que una película regular y los insulsos comentarios que la han acompañado han despertado de volver a leerlo para olvidar lo accidental y lo mediocre. Prefiero, con mucho, no tener razones para leer algo. La mejor lectura es la que proviene del encuentro fortuito o del deseo sin justificaciones. Recuerdo cuando entonces, en una adolescencia ya pretérita, encontré Las personas del verbo en quién sabe qué librería, y la extrañeza inicial que me produjeron sus poemas. Algo había que no me permitía un disfrute inmediato. Esa fue, creo, la razón de que, con posterioridad, lo haya leído con tanto gusto. Cierta dificultad en los inicios ayuda a una más aguda comprensión y a una intimidad más intensa. Aunque estas son cosas de persona que ya va envejeciendo y va distanciándose, si no lo ha hecho ya del todo, de la inmediatez que nos rodea y nos limita.
Son días de leer a Jaime Gil de Biedma, ya para siempre un poeta, sola voz hecha lengua, un modo de contemplar la vida, y algo dijo sobre ello: sobre la irrefrenable tendencia a ver el mundo cual si fuera un poema. Aunque esta no sea un asunto de poner una palabra detrás de otra y cortarlas en cualquier momento caprichoso. Gil de Biedma escogía las citas que abrían sus libros con exquisito cuidado y una lucidez encomiable. Entre todas tengo un cariño especial a la de Yvor Winters del libro In Defence of Reason, un parrafito que ilumina no solo Moralidades, libro que abre y dirige, sino que resuena en todo lo que el poeta escribió y leyó.
“The artistic process is one of moral evaluation of human experience, by means of a technique which renders possible an evaluation more precise than any other.” Así comienza. Y dice mucho de entonces y de ahora, aunque lo de nuestro presente sea por vía negativa. El poeta ha de entender la experiencia y evaluarla para ser capaz de elegir las palabras exactas, en su significación y en el sentimiento, que lleva aparejadas. La razón juzga moralmente y selecciona los términos con que cree más expresivos pero sin que llegue a la sobreactuación o al sentimentalismo. Hay aquí toda una corriente poética que dirige con clara determinación la poesía británica y que algunos españoles como Gil de Biedma hicieron suya porque intuyeron que en ella residía la salvación de una literatura hecha a partes iguales de ignorancia, descuido y palabras altisonantes.
Leo a Gil de Biedma, al igual que leo a T.S. Eliot, porque en ellos hay un rigor que escasea cada vez más, hay una visión poética que no se conforma con la banal repetición de los lugares comunes ni con la pose del maldito que quiere aún hoy épater le bourgeois. Hoy en día que la burguesía reina invicta, algunos creen que pueden escandalizar con actitudes de niño malcriado y reminiscencias coprolálicas pero el punk está muerto y los señores de las vanguardias siempre llevaron corbata. No deja de ser un gran problema que ya casi nadie preste atención a la seriedad que pusieron en su trabajo los surrealistas. Nos han leído a André Breton y a Guillaume Apollinaire como si fueran dos espontáneos que escribían lo primero que les venía a la cabeza, cuando en realidad también en ellos alienta el juicio moral de la experiencia humana. El devenir de la poesía en los últimos veinte años es el de un progresivo olvido de todo aquello que le es esencial. De poco valen las intenciones y las propuestas poéticas si lo importante, que es la mirada hecha lenguaje, no posee la fuerza suficiente como para que aquello que el poeta vio o pensó o vivió, cristalice en un poema para que trascienda el tiempo.
Vivía, por lo que cuentan, Gil de Biedma con un cierto pudor social que le impedía ser un exhibicionista. También T.S. Eliot aparece en sociedad con la distancia y la frialdad de quien sabe que la intimidad es un tesoro demasiado preciado como para enseñarlo a cualquiera. Eran tiempos previos a la espectacularización de la sociedad de masas. Ahora la poesía apenas es un dar vueltas a una subjetividad hinchada y ciega ante cuanto ocurre alrededor de ella acompañado de multitud de imágenes mudas.

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