William Hazlitt

Leo la biografía que Herschel Baker escribió sobre William Hazlitt. Siempre he sido muy reticente a los libros que cuentan las vidas de los escritores. Suelen establecer unos nexos de causa y consecuencia que no siempre son ciertos; que la mayoría de las veces son inventados, debería decir. La mirada retrospectiva se complace en crear relaciones premeditadas donde solo hubo, a lo sumo, coherencia, y casis siempre, olvido. Esta me gusta no por lo que dice del autor, que dice mucho y con mucho tino, sino por el panorama histórico que presenta en el primer capítulo: la búsqueda necesaria de una libertad para los grupos religiosos disidentes, que terminó en el corpus filosófico que podríamos llamar, sin gran equivocación, liberalismo.
Contiene también observaciones muy precisas y agudas acerca de las teorías artísticas de Hazlitt, si podemos llamar teorías a las idas o intuiciones de una persona poco dada al pensamiento abstracto. Pero sobre todo destaca el libro, escrito en 1962, y publicado por la Universidad de Harvard, por la reivindicación absoluta que hace del escritor como tal y del ensayo como género. Hazlitt es, por encima de todo (y sobre todo por encima de su mala educación y su arrogancia), un escritor, una persona que necesita de la escritura para expresarse mientras vive. Con el ensayo Hazlitt se puede permitir algunas libertades que la novela, el teatro o la poesía nunca le habrían permitido. El ensayo fue un modo de expresión de sentimientos sin que llegara a ser una efusión sentimental sin control. Sus ideas sobre el arte y sobre el escritor, sus fobias y filias literarias, su decaimientos y exaltaciones, sus enemistades, sobre todo sus enemistades políticas y literarias, todo esto encontró acomodo en una forma que era breve y que permitía una gran relajación formal. El ensayo parece pensado en el Romanticismo para dar cauce a la expresión de la propia vida mediante un género que permitiera total libertad formal. No es así. El ensayo existe desde que el hombre descubrió que era un ser subjetivo, individual aunque parecido a sus conciudadanos.
Entre los ensayos de Hazlitt, que ya había leído pero no recordaba con viveza he encontrado aquel temprano, pero que nunca llegó a olvidar, acerca de la ausencia de progreso en el Arte, al contrario que en la ciencia. Ahora, como entonces cuando lo leí por primera vez, me ha sorprendido su perspicacia, que solo algunos retomarían en los inicios del siglo XX. No hay progreso en el arte porque no depende de un desarrollo de medios técnicos. El arte es observación de la naturaleza e imaginación. Sin darse cuenta quizás, Hazlitt fue allanando el camino de quienes después rechazarían el progreso, ya porque al igual que él pensaran que una vez la sociedad ha desarrollado las herramientas técnicas necesarias, ya no tiene sentido de hablar de progreso ni mejor en el arte, y me vienen a la cabeza T.S. Eliot o Jorge Luis Borges, dos conservadores (es irónico que Hazlitt fuera uno de los radicales de su época, y sus seguidores se situaran en el polo opuesto) ya porque descreyeran de la épica del progreso. Es el caso de Walter Benjamin, que tuvo la potente intuición de que no progresábamos linealmente sino que solo en momentos especiales, momentos magnéticos de gran fuerza histórica la Humanidad avanzaba, aunque esa intuición estuviera contrarrestada por su imagen del ángel de la historia que conforme avanza observa las ruinas que deja a su paso.

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