La luz, el vacío


En Oporto, en una pensión situada en uno de los tantos edificios antiguos que la conforman, releí algunos poemas de Sophia de Mello Breyner Andresen. Por las noches leía, durante el día caminaba por la ciudad cargado con la máquina de fotos con el propósito de encontrar alguna imagen que mereciera la pena. Como en casi todo, solo una mínima parte guarda interés pasados los años. El recuerdo es selectivo y olvidadizo porque mucho de lo que vivimos no significa nada. (No olvidamos lo malo, en todo caso, lo bloqueamos para que no nos duela en demasía.) Las máquinas de fotos, los lectores de imágenes digitales, los diarios, en menor medida, son nuestros antídotos contra el olvido. Son malos inventos no por lo que puedan hacer sino por el uso que les damos. Llenamos la vida de escenas que ya no olvidaremos, de vistas que no tienen el mínimo interés y que nos recuerdan lo feo de este mundo. El propósito último es el de llenar el vacío. Solo algunas personas tienen la lucidez suficiente para darse cuenta de que lo verdaderamente importante es el vaciado, la reducción del mundo a lo esencial.
Buscaba imágenes al principio, sí, pero poco a poco, inducido por la lectura de Ilhas, Geografia o Dual fui buscando la luz, el vacío, el silencio. Es muy difícil, casi imposible, captar en una imagen el reverbero de la luz en una pared blanqueda. Como es dificilísimo capturar los matices de la luz a lo largo del día. Uno puede estar horas y horas, al acecho como si fuera un cazador que sabe que el animal va a pasar, tarde o temprano, cerca de donde se ha escondido, y entonces podrá cobrarlo. No puede permitirse un segundo de desatención ni de flaqueza. Así me sentí los días que estuve en Oporto, cual cazador de sombras y de luces. La sombra, a veces, es el negativo de la luz. Casi nunca sirve una luz cegadora, al igual que tampoco una sombra absolutamente opaca llega a decir nada. El fotógrafo de la luz y de su reverso ha de encontrar el punto exacto, que siempre son varios, entre la ceguera del exceso de luz y la noche de la total ausencia. Flotan en ese terreno incierto, a veces negado, a veces imposible de llegar a él, pequeñas islas. Allá puede uno observar la claridad ligera de lo esencial.

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