Poesía, imagen, performance, …

No hace mucho a algunos nos envió Ángel (siempre atento a todo aquello que haya de interesante en la cultura, en la poesía, en la vida) un enlace a Medialab Pro. Allá un vídeo y unas palabras acerca de nuevas experiencias poéticas. Nuevas, quizás no tanto pero en realidad sí, porque proponen una experiencia vivida desde la inmediatez de la palabra y de la puesta en escena. No tratan de leer simplemente los poemas, ni siquiera de acompañarlos con música. Los poemas se recitan, se acompañan de gestos, bailes, música, imágenes o improvisaciones corporales (por decirlo de algún modo).
Puede que sea una moda, puede que haya quien lo utilice para satisfacer su propio ego, pero también habrá quien experimente con la palabra, la gente y otras formas de expresión.
El lugar influye en la percepción que las personas tenemos de las obras artísticas. El ambiente influye también. No es lo mismo recitar en un aula magna que hacerlo en un bar. No es lo mismo un público de catedráticos encorbatados que otro de bebedores silentes o parlantes.
Hay una mutua conexión entre el lector, que recita, actúa y proyecta, y los oyentes, que dejan de ser solo eso para ser también espectadores y participantes.
Nadie sabe lo que puede dar de sí, qué sorpresas nos revelará. Al menos sabemos que es algo poético, y que la poesía, cuando es de verdad, cuando tiene voltaje, merece la pena.

(N.B.: Si pulsas en el título de la entrada, verás el vídeo y un pequeño artículo sobre las jornadas de Medialab.)

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A propósito de Vicente Muñoz Álvarez

“Hasta los veinte años uno ha de soñar. A partir de entonces, ha de ir cumpliendo sus sueños”
Apócrifo

Nos habría gustado ser Gene Vincent o al baterista de Ramones, o quién sabe si estar al lado de Johnny Thunders en el CGBG. También nos habría gustado viajar por las infinitas y perdidas carreteras onduladas del medio oeste, llevar un Remington y tararear las canciones de Johnny Cash. Nos habría gustado ser tantas personas, pero en alguna de las revueltas del camino de la vida nos damos cuentas de que al final solo somos nosotros y vivimos en una ciudad de provincias.
La poesía de Vicente Muñoz Álvarez es la de aquellos que disienten, que resisten y se rebelan, de quienes no se conforman con la vida como un telefilme, y dicen no y salen y recorren las avenidas y los callejones, la de quienes viven a la intemperie en la penumbra. En algún momento alude a los francotiradores y a la mirada de aquel que ha cerrado los ojos con tanta fuerza que al cabo de abrirlos le resulta todo desconocido. Aquí también reconocemos un punto de partida de la poesía: no ver el mundo tal como es o tal como nos lo describen. Hay que cerrar los ojos para luego abrirlos y asombrarnos con lo que vemos en esos primeros segundos. A veces nos damos cuenta de las ficciones que vivimos, de las fallas en nuestras vidas, los negros agujeros que se fueron comiendo toda nuestra energía.
El tiempo es el mal, a pesar de que los Stones lo ignoraran y cantasen Time is on my side, al igual que cantaron Route 66 o tantísimas otras. El tiempo es usura y desgaste. Nadie nos libra ni nos salva del tiempo, del momento en que no nos quedará nada sino mirarnos ante el espejo e intentar reconocer en el reflejo presente aquel que fuimos.
Poesía: disidencia, lucha: contra nosotros, contra el tiempo.

La fotografía es de Ángel Arribas y está inspirada en la poesía de Vicente Muñoz en general.