Alfredo Saldaña


La vida puede ser muchas cosas: el solo caminar hacia quién sabe dónde o la indolente pereza del paso de los días. También es el recuento de lo que fue y ya ha desaparecido: la contemplación de las ruinas, el propio cuerpo, el amor o la amistad. También, a veces, para algunas personas, pocas, el recuento de lo que han visto o sentido o imaginado.
Hay veces que el mundo solo adquiere su sentido cuando lo ordenamos a través de la compleja red de signos que es el lenguaje, la poesía, y que traza un perfil a veces desconocido de lo que hemos sido, de lo que somos, de lo que nunca seremos. El lenguaje ordena el mundo y deja al descubierto los claros, los vacíos, la mudez de una vida.
Hay mundos abstractos, hay imágenes descarnadas, hay versos concretos y hay la dureza del cristal esmerilado cuando echamos la vista atrás y contabilizamos lo que hemos ido perdiendo, que es también un haber ido ganando pues toda vida va dejando un sedimento que nos enriquece o nos esteriliza.
La mirada sobre el mundo, o desde el mundo. A veces no entendemos lo que sucede porque miramos desde el lugar incorrecto. Hay momento en que el sol ha calcinado la retina y solo vemos oscuridad, pero hay veces que desde el Sur no entendemos el Norte o desde nuestro puerto no acertamos a comprender la derrota de los demás. No se vive impunemente, al igual que no se escribe sin que algo nos cambie. Muy pocos saben de la fuerza de la escritura, de su dureza y de la sequedad que impone.

La fotografía es de Ángel Arribas y se titula “Mar de tierras”.