Ada Salas


Hay la longitud del razonamiento, y hay también la brevedad del fulgor inspirado. Algunos necesitan cientos de resmas para explicarnos su mundo, y hay otros que en dos instantes iluminan su vida y la nuestra con los silencios y las emociones que nunca supimos contenidos en nosotros. Se me ocurre que la poesía a veces es una actividad de indagación. Como en un poema de Ada Salas, ha de madurar y derretirse como la nieve, desaparecer y que solo el mínimo rastro del charco descubra lo que una vez fue. Para perdurar a veces hay que desaparecer. Quedará el rastro de lo que fue sentimiento contenido en forma, quedará el temblor de lo que fue vida, quizás también el débil aleteo de unas palabras pronunciadas cuyas ondas se van perdiendo.
Del mismo modo, la vida se representa en la fachada principal pero se vive o se oculta en los patios traseros, en los silenciados jardines de la infancia, en los cerrados ámbitos del deseo, entre los dos espacios que solo la esperanza nos deja cuando la sabemos capital del miedo.
Hay quien busca vivir infinidad de años, acumular y ser señalado. Otros saben que la vida es simplemente el camino que se recorre con la austeridad que una experiencia despojada nos puede dar.

La fotografía, de Ángel Arribas, se titula Cementerio y está basada en la poesía de Ada Salas.

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