Mujeres con cuento


Tendemos a creer que las categorías son esenciales y que la fuerza de historia les es inmune. Quizás se deba a que venimos al mundo sin conciencia de lo que somos, y cuando despertamos creemos que todo ha sido así desde siempre. El aprendizaje del tiempo nos vuelve más vulnerables, y también más fuertes, pero solo si aceptamos que la vida es contingencia y creación humana.
Las categorías con que nos movemos por el mundo, que a veces nos marcan la dirección y otras solo logran desorientarnos, las hemos ido modelando porque nos han interesado, porque nos hemos dejado arrastrar o por quién sabe qué otra razón. Lo importante es saberlas hijas de la historia humana y no producto de un determinismo cualquiera.
Así, que los héroes de las novelas colonialistas británicas sean ingleses adornados con todas las virtudes, es algo que entendemos históricamente. Igualmente, cuentos como “Los tres cerditos”, “Blancanieves”, “Cenicienta” o “La cerillera”. Más que una denuncia del machismo inscrito en ellos, más que un rechazo de todo (pues hay elementos que sin duda son interesantes), es más arriesgado y fértil, ponerlos bocabajo, darles la vuelta y poner a exposición pública las zonas de sombra, las incongruencias, los valores pisoteados.
Hay gente que piensa que el lirismo es solo posible en la poesía, esa que todos sabemos sin la menor duda que es poesía (con todos los peligros que eso conlleva, con la claridad de que eso ya no es poesía.) Algunas personas, sin embargo, son capaces de revelar el lirismo en lo nimio de lo cotidiano.