Adios al poeta

Supongo que ahora lo normal es declarar que lo conocíamos, que nos habíamos encontrado con él en algún congreso, en el abr de la esquina de casa, en el Gijón o quién sabe dónde, Alburquerque quizás.
Pero no fue así. Tampoco fui un temprano o sagaz lector suyo, entre otras razones porque en la lectura nunca he sido muy sagaz, y he buscado otras razones.
Se ha muerto, aunque creo que no escribía desde año antes. Se va su presencia, su palabra viva y nunca escrita, se va un referente porque vivimos una época de iconos necesarios. Queda su poesía, su recuerdo, su magisterio, pero eso solo sirve para quienes no dan importancia a lo insustancial en literatura. Para la gran mayoría se ha ido.
Quizás ahora se vendan libros suyos, y luego el silencio, el olvido, una edición de su obra completa dentro de dos décadas, la estúpida veneración conejal de la Universidad.
Pero un poeta se mide por su fuerza que atrae y da vida a los jóvenes. ¿Cuántos encontrarán en él al maestro, al guía, cuántos cuando ya hayan pasado las velas del entierro y del funeral?