Final


Había soñado con una vejez tranquila durante la que poder contemplar, en su acabamiento, el tiempo tardío de la vida, la tibia luz dorada del final, al igual que la de la primera tarde invernal.
Había soñado un futuro, si no perfecto, al menos tranquilo, el final perfecto para una vida ajetreada, latosa, incordiona, una vida que se acababa ya, cuando apenas había comenzado a disfrutarla.
El sueño es el futuro, le vino alguna vez a la cabeza tal idea, sin saber qué quería decir. Pero ya importaba poco. Desde la ventana, el cielo duro y frío, la luz brillante, el viento helado. Pero nada de eso veía ni sentía, protegida por el cristal y la calefacción.
Abrió otro libro, uno más o el mismo de siempre desde hacía varios años. Comenzó a leer.

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