El mito de la originalidad

Pocos mitos más extendidos que el de la originalidad absoluta de las personas. Pocas heterodoxias más silenciadas que la de las corrientes subterráneas e inconscientes que nos conforman. Quien más o quien menos se contempla como dueño único y absoluto de sí mismo. En literatura, como no podía ser de otro modo, ocurre lo mismo.
Ha habido, sin embargo, unos pocos que han sabido mirar con frialdad y desapasionamiento. Lucrecio en su “De rerum natura”, Spinoza en su “Ética”. En poesía, Pessoa nos dejó la herencia de muchas voces, porque un poeta no es una voz sino un caudal que fluye por dentro, y ninguna es la suya ni es original. Saint-John Perse dice: “Habitaré mi nombre”, sabiéndose extranjero en todos lados, menos en sí mismo. Perse fue un escritor francés, que utilizó seudónimo para publicar sus poemas. Así, su nombre no es el verdadero sino el elegido.
Anteriormente los clásicos hicieron de la imitación uno de los pilares fundamentales del arte poética. Lo de menos era la originalidad; importaba, por el contrario, las variaciones de un mismo tema, la habilidad, el dominio y la capacidad expresiva en algo ya dicho. Lo ya dicho, se añadía, eran las voces que recorren el poeta.
Lo mismo ocurre en sociología. No hay impulsos ni costumbres ni gustos que no estén mediatizados por la sociedad. Cada uno de mis conciudadanos, a veces incluso más lejanos, me conforma e influye. Nos hacemos en comunidad, en ella aprendemos la lengua. Las múltiples voces que nos recorren nos enriquecen.
T.S. Eliot y J.A. Valente lo intuyeron: cuanto más grande es un poeta más numerosas son las voces que acarrea en su poesía.

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Un comentario en “El mito de la originalidad

  1. La filogénesis y la ontogénesis desmontan el mito de la originalidad absoluta de las personas. Hasta mi dependencia energética –alimento de mi creatividad en pañales- me hace achancar la cabeza ante mi “ser”; un ser que es resultado de la mezcla, de la historia, de la genética, de lo leído, de lo vivido. Consciente de que es un mito la originalidad absoluta de la persona, porque ante todas las cosas somos históricos orgánicos y devoradores, distingo entre creativos copiones y creativos originales y otras muchas más tipologías ,(que pienso que es un error categorizar en dual vaticana, -maldad/bondad-). La diferencia la marca esta “plantilla”:¿Excuso a “tal”, hijo de ___ , adinerado, amigo de ___ , etc. cuya obra es comprada por muchos que ___ , que se expone en ___ , …?. Y así puedo seguir. Identificado el copión o la copiona, que lo alimente su papá o mamá, que son ricos.A esto me refiero: Al Arte sumiso al mercado.Al Arte sumiso a una beca universitaria.Al Arte sumiso a un puesto de trabajo.Al Arte que consumimos.Es un buen argumento “comodín” el usado en el artículo. Con él te desprecian y te tachan de inculta y aberrante. Esta es la razón por lo que “echo de menos” estudios comparados – lo que escribí como comentario en el artículo que aludía a la denuncia de la revista Quimera y que le exigen el pago de 9.000 euros-. Besillos Silvia Lázaro.

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