Lo exótico

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Cuando hablo con conocidos sobre lo exótico, la gran mayoría confiesa que les gustaría viajar a África o a Sudamérica, sobre todo a las zonas del altiplano. Para ellos lo exótico y la aventura se resumen en las imágenes que hemos visto infinidad de veces de aldeas africanas, baobabs en medio de la sabana y masáis cuidando sus escuálidos rebaños.

Yo, sin embargo, pienso que lo exótico no está en las culturas menos desarrolladas. Están, por el contrario, en las más desarrolladas. El otro día vi un reportaje sobre Singapur. Sus calles, sus enormes edificios, los neones; al igual que en Japón, con sus rascacielos y sus pasatiempos que son de los más ajenos para nosotros, responden a la idea de lo exótico. Una idea que, por cierto, ya existía en el siglo XIX, la de una cultura distinta, difícil de comprender, con multitud de recovecos – lo que llevaría a una cierta ilegibilidad cultural que le hace seguir siendo a uno un extraño en ella – y un desarrollo tecnológico y artístico superior al nuestro.

Al fin y al cabo, los hoteles cápsula, que tantos calificarán como de los peores inventos consecuencia del capitalismo (no sé si el otro término de la comparación son los poblados de chabolas) son, para mí, ¡ay, subjetividad mía!, el culmen de lo exótico junto con las noches contemplando la ciudad iluminada desde lo alto de cualqueir rascacielos mientras en una habitación cercana, unas cuantas personas pasan la noche cantando en un karaoke.

Dignidad

Dignidad:

1.- Dícese de aquello con que la población de las dictaduras de izquierda llenan la nevera porque alimentos y bienes de primera necesidad no tienen.

Es de sobra conocida la inmensa capacidad de la política económica de izquierdas para arruinar los países. Véase sino los Países del Telón de Acero, la Venezuela de Chaves y Maduro o la Cuba de los hermanos Castro. Para Cuba es bueno leer los ensayos de Leonardo Padura y los de Rafael Rojas.

2.- Es término que se usa también para  ocultar las contradicciones de la izquierda.

Un ejemplo es Fidel Castro. La izquierda se dice antimilitarista pero lleva alabando a un militarote como Fidel Castro desde 1959. Para salvar la contradicción (nos imaginamos que proletaria) hablan de la dignidad de los pueblos revolucionarios. Es el modo de ocultar la distancia (o falsedad) que hay entre la teoría y la práctica. Esto sirve también para el antipatriarcalismo, el anticapitalismo, o cualquier otra idea que no entre dentro de las virtudes teologales de la izquierda.

 

 

El dueño del secreto

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Este año el Premio Nacional de las Letras ha pasado desapercibido. Ha habido alguna que otra mención en los periódicos, pero poco más Quizás sea proque se lo han concedido a Juan Eduardo Zúñiga, autor secreto, lento, exacto. Traductor, también, pero sobre todo persona que parece no querer molestar a nadie. Zúñiga lelva escribiendo toda la vida y es, simplemente, uno más entre tantos otros. Lo es para la sociedad, para muchos suplementos culturales. Pero no lo es, en modo alguno lo es, para el elctor. Una vez que uno ha leído algo de Zúñiga, lo que sigue es la lectura continuada del resto de su obra. incluso de sus traducciones.

Zúñiga tiene un aire antoguo con la chaquet, el jersey, la corbata y la barba entre cana que le tapa el cuello. Su literatura tiene ese mismo atildamiento un tanto antiguo. Está bien para compensar tanto exceso posmoderno o simplemente banal.