Verano de lecturas

 

Cartel_2.jpgMás o menos hoy comienzan mis vacaciones. Aún tendré algunos asuntillos que rematar, pero lo gordo — por decirlo de algún modo — ya lo he acabado. Ahora me espera un verano de lecturas, caribeñas como lleva siendo costumbre desde hacia varios años. LLego a las vacaiones con alguns relecturas en el cuerpo, Sodoma y Gomorra de Marcel Proust, de quien me he propuesto volver a leerme  todo En busca del tiempo perdido a razón de un volumen por verano.

Ahora hay tiempo y ganas de leer por placer. Durante el año el palcer de leer existe y lo siento, pero hay veces que las obligaciones se cruzan en nuestro camino. Ahora, no, lo que ahora leo es solo por placer.

Estamos mejor que nunca, dice el optimista vital

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Todo es decadencia y desorden. Así ve mucha gente el estado actual de la cultura. Yo, sin embargo, no lo veo así. Es de los pocos momentos optimistas que tengo en mi vida. Cuando me hablan de la cultura me niego a aceptar la idea, tan extendida, de que las cosas van a peor.

Hay gente, que para demostrarme que estoy equivocado, me habla del esplendor de la Antigüedad grecolatina, que va desde el 500 A.C. al 400 D.C., y lo comparan con la literatura que se está escribiendo en los dos últimos siglos. Yo, por el contrario, pienso que los Antiguos, que tuvieron a Homero, Hesíodo, Jenofonte, Esquilo, Platón, Safo, Virgilio, Cicerón, Plutarco, y tantísimos otros, se perdieron –cosas de la cronología – a Shakespeare, Cervantes o Hölderlin, entre tantísimos otros. Se perdieron también a Guillermo Cabrera Infante o Alice Munro.

Esto del pesimismo es, en el fondo, pereza mental e intelectual. EN el caso de la cultura, es desconocer que ya Hesíodo habló de las tres edades: de oro, de bronce y de hierro, en la nos encontramos, y, por lo visto la peor.  Luego está la larga decadencia española (cierta, sin duda) y la leyenda negra. Y el discurso falso pero impactante (por lo que tiene de pesimista y tremendista a lo Camilo José Cela). Eso sí cuando se analizan  los datos, lo que queda son los restos de la mentira, humeantes aún esos restos, sí, pero solo rescoldos ya.

Es lo que tiene haber nacido tarde… y no ser un pesimista ni de la razón ni de a voluntad..