Mi generación (¡qué aburrimiento!)

Una de las mayores liberaciones de esta vida es no tener generación. Me imagino que, como a todo el mundo, los periódicos me incluyeron en alguna generación: la de la Transición, la de la Postransición, la de la Movida, la de la Posmovida, quién sabe. Nunca me creí parte integrante de ninguna, tampoco me sentí parte de ninguna de ellas.

He ido, para bien o para mal, solo, acompañado, sí, de algunos amigos, pocos, que me han insuflado fuerzas, ganas ánimo, sentido del humor, jovialidad,… No necesito más.

Me aburre cada vez que leo u oigo eso de: “mi generación…” Suena a rancio, a encerrado, a marchito, mortecino, a impostura, a necesidad de vivir en monótono acuerdo con los demás, con el grupillo de elegidos.

He vivido—vivo aún – acompañado de individuos carente, por suerte, de generación.

Los últimos fulgores

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Me despierto con la desagradable noticia, aunque no es una sorpresa, de la muerte de Chuck Berry. Chuck Berry fue, más allá de la fama y las lentejuelas, el músico que dio al rocanrol una forma reconocible, Su famoso fraseo de guitarra hizo del rock una música con identidad, algo que quizás hasta entonces le faltaba. Venía del blues al igual que tantos músicos pero supo encontrar el rasgo – al menos uno de ellos — que hizo del rock la música popular más potente del siglo XX. Keith Richards, Eric Clapton y tantísimos otros se arrimaron a su guitarra para aprender un secreto que solo se enseñaba en las salas de conciertos.

El viernes por la noche, sin ni siquiera imaginar que Chuck Berry iba a morir unas horas después, Burning estuvo en Valladolid, en un concierto que duró unas dos horas y medias y no tuvo ni un segundo de bajón. Llevan desde finales de los 70 los Burning, con muchas vicisitudes, pero con el ánimo, a pesar de todo, bien alto. Hacen un rock clásico muy personal. Algunas de sus canciones han atravesado el estrecho círculo del rock y son conocidas por eso que se llama el gran público. Hoy como entonces hay quien se escandaliza por sus letras. Entonces eran señoras de clase media, hoy, por lo visto, son las jóvenes que van a hacernos la revolución, pero ignoran que la revolución ya la hizo Burning, por suerte para todos nosotros.

Burning supo aprender de Berry, quizás por eso sean tan grandes. Berry llevaba el germen del rocanrol – con permiso de Elvis Presley, Eddie Cochran y Gene Vincent – y quienes tuvieron en cuenta sus lecciones fueron capaces de hacer gran rocanrol. El rocanrol es, nos guste o nos fastidie, música del siglo XX, lo de hoy son los restos que quedan de un incendio, los últimos fulgores. Aunque aún nos quede para un rato de pasárnoslo bien. Al menos nuestra vida fue bastante menos aburrida gracias a gente como Chuck Berry y los Burning.

 

Revelación


Pronto será primavera, una vez más, el eterno retorno, el momento en que, a pesar de T.S. Eliot, o quizás gracias a él, nos damos cuenta de que la naturaleza renace. Es una de las prerrogativas de los poetas, que nos percatemos de algo que antes estaba presente pero no lo veíamos. Esa es, entre otras, la necesidad de la poesía; no lo es su supuesta capacidad de crítica del mundo. Eso no es poesía, nunca.  El mundo está ahí pero no nos es dado, tenemos que descubrirlo, y los poetas nos ayudan. No deben guiarnos, deben mostrar lo que, como en el cuento de E.A. Poe, estaba presente pero nunca antes habíamos visto. Como en el poema de William Carlos Williams.